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dc.contributor.authorPadilla Onatra, Ana Victoria
dc.date.accessioned2017-10-23T19:13:48Z
dc.date.available2017-10-23T19:13:48Z
dc.date.issued2010
dc.identifier.citationT362.83 / P134es
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/11227/5615
dc.descriptionTesis(Historiador) -- Universidad de Cartagena. Facultad de ciencia humanas. Programa de historia, 2010es
dc.description.abstractDesde los años sesentas en el siglo XX, muchas han sido las investigaciones preocupadas por construir otros campos de investigación importantes en el discurso historiográfico. Temas como la sexualidad, maternidad, historia de la familia, de la cotidianidad, de las relaciones personales, de las mentalidades, de los valores del trabajo y la historia de las mujeres, entre otros, han buscado recuperar un pasado ignorado, junto con sus principales voces, actores y actrices. No podríamos dejar por fuera los trabajos publicados por la Revista de Annales1, relacionados con los temas antes descritos, ya que constituyen sin duda alguna una aproximación a estudios de este tipo que buscaron conocer de una nueva forma el pasado, proponiendo nuevos métodos para investigar, ampliando los paradigmas historiográficos con nuevas fuentes y objetos de estudios2. La Historia de las Mujeres, ha desarrollado distintas líneas de investigación que permiten identificar el rol y papel de la mujer dentro de la sociedad; los diferentes procesos de invisibilización y discriminación a los que ha sido sometida, redefiniendo las formas como se ha escrito y configurado la historia, contribuyendo con sus investigaciones al aporte de los vacios de estos discursos en la historia. En Colombia, este tipo de estudio tiene algo más de cuatro décadas de existencia3. Trabajos pioneros como los de Lucia Luque, Patricia Alvear, Teresa de la Inmaculada, constituyen un amplio número de obras que han aportado a esta perspectiva. Sin embargo, desde 1984 podemos referenciar otros que, aunque no la han tenido como eje central, significan mucho para la alimentación de estas investigaciones4.Partiendo de lo anterior, en efecto, es visible la inclusión de la historia de las mujeres en el quehacer histórico, producto de un proceso de larga duración, por darle relevancia a su participación en diferentes aspectos: el educativo, cultural, político, económico, social, entre otros. Partiendo del concepto de género∗, como categoría útil para el análisis histórico de las relaciones sociales entre hombres y mujeres en la sociedad, podemos entender como estos y estas se han organizado y configurado, generándose relaciones desiguales de poder, que se manifiestan en las jerarquías y ocupaciones de espacios naturalizados entre hombres y mujeres. Es decir, el género es utilizado como principio organizador, ordenador de las relaciones, creando estructuras singulares para la práctica social5. En ese orden de ideas, en América Latina en el área que actualmente conocemos como estudios de género y trabajo, los interrogantes de mayor preponderancia fueron la participación de las mujeres en el proceso de urbanización y en las migraciones rural – urbanas, su vinculación al servicio domestico y al sector informal. En el tema de género han sido diversos las líneas y resultados de investigación en América Latina. En los años 60’s se analizaron la participación de las mujeres en el desarrollo, con aportes significativos de disciplinas como la sociología, antropología y la economía, desde dos perspectivas teóricas–políticas: las teorías de la modernización y la crítica feminista marxista. Por otro lado, en los años 70’s, tras la configuración de un nuevo mundo económico mundial y el desarrollo de programas fronterizos de industrialización, se vislumbran nuevos temas de interés a explorarEn los años 80’s, con la introducción de los nuevos tipos de tecnologías y prácticas gerenciales y el supuesto agotamiento del paradigma productivo taylorista/fordista, los procesos de globalización y división internacional del trabajo, se suman a este gran espectro de temas. Por último, en los 90’s el tema de la flexibilidad laboral y la precarización del empleo, presente desde la década del ochenta se añade al estudio del desempleo y los fenómenos de exclusión y la polarización social resultado de la reestructuración productiva y las políticas de ajuste6. En esta misma perspectiva, el concepto de género ha evidenciado las interrelaciones entre la economía, el universo laboral y el ámbito de la familia, la reproducción y el trabajo domestico7. Dicha categoría ha permitido pensar de manera relacional y procesual para dar cuenta de la producción, reproducción o transformaciones de las relaciones configuradas para hombres y mujeres. A finales de los años cincuenta y durante la década de los sesentas, se produjo un aumento de la mano de obra femenina en el mercado laboral de los países de Europa y de América Latina; esta situación propicio el surgimiento de diversos interrogantes dirigidos a la 6ARANGO, Luz Gabriela. “Genero, trabajo e identidad en los estudios latinoamericanos.” En: Pensar (en) género. …Ibid.Pág.238. 7 Ibíd. Pág.238. 12 reflexión y al debate científico. En aquel proceso de búsqueda de respuestas y reflexiones, se elaboran las primeras interpretaciones que fueron problematizando este hecho social, que corresponden a dos modelos de análisis que han prevalecido como eje teórico central de los estudios que abordan la inserción y participación de la mujer en el mercado laboral. El primer modelo, denominado Marxista, tiene como componentes estructurales el desarrollo capitalista y el desarrollo de la fuerza de trabajo femenina; la evolución del primer componente determina el desarrollo del segundo. Esta articulación se comprende a la luz de dos procesos históricos: las etapas de desarrollo de la fuerza de trabajo y la revolución industrial con la formación de un ejército de reserva. En América Latina, los y las investigadores que han articulado sus estudios al modelo Marxista, han operado con dos hipótesis centrales. La primera, hipótesis llamada pesimista, “sostiene que el desarrollo del modo de producción capitalista somete a la fuerza de trabajo femenina a una creciente marginalización.”8. De esta forma, el proceso de industrialización, según sus fases históricas sucesivas, disminuye la inserción de la mujer al espacio laboral, en la medida en que las empresas monopolísticas reemplazan la mano de obra humana por tecnología solida y de calidad que permite una mayor producción en menor tiempo. La mujer es desplazada hacia el sector informal de la economía, mostrando la posición residual de la mujer en el conjunto de la fuerza de trabajo. 8 MUÑOZ, Andrea. Fuerza de Trabajo Femenina: Evolución y Tendencias .En: Género, Clase y Raza en América Latina: Algunas Aportaciones. LUNA, Lola. Barcelona. Universidad Barcelona.1991.Pág.66. 13 La segunda , perteneciente al modelo Marxista, sostiene que la mano de obra femenina ha sido constituida como parte del ejército industrial de reserva, convirtiéndose en un grupo movilizable y desmovilizable que se redefine permanentemente al atender las necesidades y coyunturas dinámicas, de cambios tecnológicos y transformaciones de la industria capitalista. El segundo modelo de análisis , Optimista, se define como parte de los procesos de industrialización , que derivan en una modernización económica y social; propiciando el aumento de condiciones favorables para el acceso de la mujer al mercado laboral, (alterando así las condiciones tradicionales de la oferta de trabajo de la mujer), tales como la expansión del sistema educativo, la ampliación de los beneficios sociales del Estado, la simplificación de las labores domésticas y la reducción de la familia. A principios de los años setentas, nuevos estudios evidencian las limitaciones de los dos modelos señalados. Una de las carencias del modelo Marxista consiste en silenciar las profundas diferencias que históricamente han marcado los roles sociales de mujeres y hombres, la venta u oferta de trabajo de cada uno influyen en la dinámica del mercado laboral. De igual forma, se evidenció las falencias del modelo Optimista. Estas consisten en verificar que los mayores niveles de educación que alcanzaron las mujeres como la 14 extensión de los beneficios estatales, realmente no implicaron su incorporación a ocupaciones desempeñadas tradicionalmente por los hombres, pero si la ampliación de ocupaciones destinadas a las mujeres. Al develar las deficiencias de estos modelos, se generaron nuevos caminos de análisis sobre el tema de la Mujer y el Trabajo, con un nuevo arsenal conceptual y metodológico, que indicaban otros rumbos por transitar en busca de otras respuestas y otras reflexiones, que a la vez permitieran una novedosa interpretación teórica de la condición de la mujer en la sociedad. Se produjo así, una nueva orientación de los análisis sobre el tema en mención, en donde se especificó la particular condición de la mujer en cuanto género-sexo. Todo lo anterior, evidencia el desarrollo importante que cobró la teoría feminista en ese contexto y el consecuente despliegue de una dimensión esencial para todo análisis especifico de la mujer. La teoría feminista argumenta que el proceso de reproducción, entendido este en cuanto reproducción biológica, social y de la fuerza de trabajo, ha sido construido, divulgado, apropiado y naturalizado como perteneciente a la mujer; es decir a ellas le corresponde el lugar de la reproducción biológica y la labor doméstica y a ellos los dominios conceptuales y prácticos de la cultura. El eje de la investigación feminista se estableció en cuanto a las variables familia- trabajo domestico- producción, expresadas por dos corrientes del feminismo de la época: radical y marxista. No obstante, hacia finales de los 15 años setenta se produjeron opiniones críticas desde la orientación Feminista-Socialista, que se dirigían a la carencia, por parte de la perspectiva radical, de la preocupación por los procesos de exclusión y segregación ocupacional presentes en el mercado laboral; debido a que desde la perspectiva radical, tan solo se habían centrado en adquirir un peso teórico y metodológico de los estudios de trabajo doméstico. Asimismo, se percataron que desde la perspectiva marxista se dejaba de lado los procesos ocurridos en la familia y la división sexual del trabajo dentro de ella, mientras enfatizaban en la reflexión y la búsqueda teórica en los procesos productivos y las formas de acumulación capitalista. Por consiguiente, desde la orientación feminista-socialista se señaló que en las sociedades donde se impone el capitalismo industrial, coexiste el capitalismo y el patriarcado como sistemas de dominación que despliegan ejercicios de poder de una clase social sobre otra y de un sexo sobre el otro. En este sentido, el género y la clase se articulan en una interacción que logra permear las estructuras de la sociedad, en donde la mujer se halla aprisionada en un círculo vicioso y caótico que se evidencia en los diversos micro-espacios sociales. Ya en la década de los años ochenta, las investigaciones enfatizaron en la comprensión y en el análisis del proceso de construcción social, derivada de la condición que ideológicamente se le ha asignado a la mujer en la familia y en el proceso de reproducción, que conllevan a una serie de relaciones de género que inciden en la organización de la sociedad y en la 16 organización del proceso productivo en su conjunto y en el mercado de trabajo en particular. En este orden de ideas, se pretende realizar un análisis de la condición de la mujer en el espacio del trabajo, donde se incorporen elementos ideológicos y culturales inherentes a las relaciones de género y un contexto total, en donde confluyan los procesos económicos, sociales y culturales de la sociedad que se estudia. En suma, lo anterior evidencia la diversidad teórica y conceptual con que se ha abordado el tema durante las décadas mencionadas. Además de los distintos enfoques que se perfilan con esta pluralidad teórica, que ha ido variando en la medida en que ha sido revisada cuestionada y analizada, permitiendo avanzar en ese camino que se labra y se construye en la medida que se recorre y no se abandona. En Colombia, las investigaciones sobre la mujer trabajadora y sus distintos afluentes temáticos son relativamente escasos, más aun cuando se aborda la inserción laboral de las mujeres en la industria. Para el caso de las mujeres del agro son muchos los trabajos9, ya que tras su actividad productiva, existe una relación estrecha entre unidad de reproducción producción, difícil de desagregar.es
dc.format.mediumapplication/pdf
dc.language.isospaes
dc.publisherUniversidad de Cartagenaes
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0
dc.subjectDiscurso historiográficoes
dc.subjectSexualidad, maternidad, historia de la familiaes
dc.subjectTrabajos publicadoses
dc.subjectInvisibilización y discriminaciónes
dc.titleMujeres obreras en Cartagena: Un estudio de caso de la industria Vikingos 1960-1980es
dc.typethesises
dc.rights.accessopenAccess


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