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dc.contributor.authorBallesteros Guardo, Naffy Jorcibi
dc.contributor.authorMorón Bermejo, Dayana
dc.contributor.authorDuran Rivera, Julia (Tutor)
dc.date.accessioned2014-11-19T20:12:08Z
dc.date.available2014-11-19T20:12:08Z
dc.date.issued2013
dc.identifier.citationT362.7 / B212es
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/11227/1073
dc.descriptionTesis (Trabajador Social) -- Universidad de Cartagena. Facultad de Ciencias Sociales y Educación. Programa de Trabajo Social, 2013es
dc.description.abstractNo cabe duda, que es posible transformar la realidad social, en dirección positiva, pero no se cree que este cambio sea factible a partir de la mera implementación de estrategias concretas por parte de algunos miembros de la comunidad, así como tampoco de la simple complementación de una normatividad o una política social, dada la naturaleza compleja y multicausal de los problemas sociales que enfrenta la comunidad, por ello, es preciso tomar en cuenta que: No hay solución única para los problemas sociales, de la misma manera que no hay una única causa que los origine. La solución solo puede ser el resultado de un verdadero análisis de los problemas sociales (origen, el tipo de problemas, creencias, posturas ideológicas y políticas de los involucrados, contexto en que se produce) y de la planificación de una acción comunitaria que una los esfuerzos de toda la población. No hay recetas infalibles, pero toda propuesta que se apoye en la construcción de espacios de análisis, reflexión y toma de conciencia de lo que ocurre, será válida para mejorar la condición actual de la comunidad, más allá de las características y los problemas que la afecten. Debido a lo anterior, se hace necesario, que en el proceso de analizar y proponer soluciones para los problemas que enfrenta la comunidad, se haga valiosa la planificación de un proyecto colectivo, cooperativo, con bases solidarias, fortalecido por la cohesión social, donde sus miembros sean los guardianes de sus intereses de desarrollo y lo más importante que exista interés y deseo por participar en el mejoramiento de nuestra comunidades. Son numerosos los proyectos que han emprendido con éxito la tarea de mejorar las situaciones problemáticas que enfrentan ciertas comunidades, proyectos en donde el trabajador social cumple con una función primordial “ser mediador entre la sociedad y las entidades territoriales encargadas” , así, en todo proceso en donde se involucren, los trabajadores sociales como mediadores, debe ser fortalecido por la colectividad y la cohesión, aunando esfuerzos entre la política, la sociedad, y el trabajo social. Se hace pertinente, considerar en todo proceso las siguientes líneas de acción que procuren el éxito en los proyectos de desarrollo social comunitario: Manejo de relaciones horizontales: en estos proyectos no se pueden jerarquizar los poderes, ni las acciones; se deben manejar relaciones de compromiso social en donde todos sean tomados en cuenta. Dar a la comunidad mayor participación: se trata de adoptar propuestas de participación en pro de defender los intereses y necesidades de los habitantes de la comunidad, y optar por métodos de acción que favorezcan que los habitantes de la comunidad sean actores comprometidos con su desarrollo y apunten a lograr productos significativos para ellos, y que les posibilite una mayor participación en la elección, planificación, y evaluación de los aspectos relacionados con el plan de desarrollo comunitario.  Democratizar la participación comunitaria: crear cuerpos de delegados, consejos comunales y asambleas, fortalecimiento de las JAC u organizaciones comunitarias, son algunos aspectos de trabajo posibles para que los miembros de la comunidad se interesen por participar. Manejar una dinámica de negociación y consenso: para el mutuo acuerdo que promueva la responsabilidad colectiva y compartida, que deben tender a la formación de un marco normativo, que sean aprobados por toda la población, que tengan un objetivo claro, y se haga explicita la organización para diseñar, implementar y evaluar logros y obstáculos, y realizar las modificaciones necesarias. Favorecer los cambios cognitivos, afectivos y de comportamientos: esto en pro de estimular la empatía, formar en el respeto y defensa de los derechos humanos, favorecer el aprendizaje cooperativo en grupos heterogéneos, y corroborar la importancia de la democracia participativa. Aplicar estos procedimientos conduce a un significativo aumento de la cantidad, y la calidad de las interacciones y de cooperación entre los habitantes, los trabajadores sociales y el gobierno distrital. Del mismo modo, supone un incremento sustancial en el poder y responsabilidad que se le otorgan a las personas, aspecto que ayuda a superar las segregaciones y exclusiones que se producen en la sociedad. Formación de valores: se trata de provocar cambios en los habitantes, no solo en cuanto a su formación sino también en su visión emocional de ciertas cuestiones y en su comportamiento, la puesta en marcha de proyectos transversales que involucren a todos los miembros de la comunidad, puede propiciar la adhesión a principios como la solidaridad, pluralismo, cooperación, sensibilización, entre otros valores sociales. Formación de equipos heterogéneos cooperativos: que generen productos que vallan desde un Marco normativo, hasta acciones dirigidas al gobierno. Crear una cultura social cooperativa: esto haciendo claridad de lo importante que es el análisis del accionar, de las actitudes y de las creencias que orientan las relaciones y la participación comunitaria. Y atendiendo a que no solo los trabajadores sociales deben mediar en estos proyectos, sino todos los que de alguna u otra forma están relacionados. Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho y haciendo énfasis en la propuesta presentada, se puede decir que aunque en la actualidad, se habla mucho de organización comunitaria, cohesión y participación ciudadana en los asuntos políticos, económicos, sociales y culturales del país, sin embargo no se toma en cuenta a la niñez y adolescentes cuando hablamos de participación. Los niños, las niñas y los adolescentes son sujetos de derechos por tanto deberían también participar y tener la posibilidad de ser parte de las decisiones en temas relevantes que afectan su cotidianidad. En el Código de Infancia y Adolescencia, se reconoce a los niños y las niñas como sujetos de derechos cuando expone que “para todos los efectos de esta ley son sujetos titulares de derechos todas las personas menores de 18 años…, se entiende por niño o niña las personas entre los 0 y 12 años, y por adolescentes las personas entre 12 y 18 años de edad” (Art. 3 Sujetos titulares de derechos)73. Lo que se corrobora en el Articulo 31, cuando explica que “para el ejercicio de los derechos y las libertades consagradas en este código los niños, las niñas y los adolescentes tienen derecho a participar en las actividades que se realicen en las familia, las instituciones educativas, las asociaciones, los programas estatales, Ley 1098 del 8 de noviembre de 2006. Ley de infancia y adolescencia. Asimismo, en la Constitución Política de la Republica de Colombia, en sus artículos 44 y 45, se reconoce a niños, niñas y adolescentes como titulares de derechos. Esto implica reconocimiento de su capacidad y potencialidad en la construcción de un país más democrático que tome en cuenta a todos los sectores sociales sin discriminación alguna. En este sentido es un desafío promover una cultura de reconocimiento de niños, niñas y adolescentes como sujetos sociales y de derecho, ya que históricamente su aporte a la construcción de la sociedad ha sido invisibilizada y ocultada. En nuestro país, es notable la discriminación por edad, ya que generalmente percibimos a niños, niñas y adolescentes como futuro, por eso la sociedad insiste en formarlos para el mañana, para que después sean personas de bien, esta percepción posterga el ejercicio de sus derechos, mucho más si se trata del derecho a la participación, porque se cree que sólo los adultos pueden participar. Es por ello que en las familias se escucha “hijo no te metas es conversación de adultos, tú no sabes”; “cállate tú no sabes, estas muy pequeño”; “esto es cosa de grandes no de niños”, etc. La participación de niños y niñas en la vida política, económica, social, cultural del país no es reconocida. Ellos contribuyen de una u otra forma al desarrollo económico, social, cultural y político del país, Por lo que es un desafío el reconocimiento efectivo como personas, sujetos individuales y colectivos imprescindibles para el desarrollo del país. No se puede vivir ignorando la participación de niños, niñas y adolescentes, faltaría una parte para que estemos completos y en armonía. El proceso de cambio será incompleto si no supera la exclusión de la niñez y la adolescencia. Se debe tener en cuenta que la participación se aprende participando, además que la participación se educa. Pero para que esto suceda con los niños, niñas y adolescentes ellos tienen que aprender a participar de las decisiones desde pequeños, pero a participar de verdad no sólo a hacer simulacro de participación. A veces los adultos generan espacios ficticios para hacer creer a los niños y las niñas que participan, uno de esos espacios inventados es en las escuelas, con el consejo estudiantil, las personerías estudiantiles, los representantes de cursos, entre otras instancias con la intención de mostrar formas de organización similares a las de los adultos que simplemente son un teatro, no es espacio de participación real en la toma de decisiones, reforzando la idea de que los NNA son el futuro y que deben hacer ahora lo que harán más adelante, postergando así su ciudadanía, y además de fortalecer formas de organización sin cuestionar si son efectivos o no para ellos como sujetos de derechos. De acuerdo a lo anterior es preciso resaltar que, los niños, las niñas y los adolescentes tienen que participar en el presente en las decisiones que a ellos les interese, no se les puede limitar el espacio, ellos tienen que aprender a tomar decisiones y a asumir las consecuencias de sus decisiones en la vida cotidiana. A decidir se aprende decidiendo. Los niños y las niñas tienen muchos espacios en los que pueden tomar decisiones sólo que los adultos no se lo permiten, en las instituciones educativas pueden opinar sobre los planes, contenidos y metodología, si responde o no a sus necesidades. En la familia lo mismo, los niños y niñas pueden ser parte de las decisiones, en el barrio, en sus comunidades ellos deben decidir que es bueno o malo, pertinente, urgente para su bienestar. Los niños, niñas y adolescentes si no ejercen su derecho a la participación de manera real será difícil que luego se reclame participación de la sociedad civil. Hay que educar en la participación y no excluirlos, por ejemplo en casa los niños y las niñas deben participar en las decisiones de qué hacer el fin de semana y cómo organizar la vida familiar. El desafío es buscar otras formas o alternativas de organización, no reforzar las mismas que existen como única posibilidad, al menos hay que dar la posibilidad de buscar formas de organización más diversas y que incluyan a todos (adultos, niños, niñas y adolescentes, jóvenes) y que ayuden a construir una sociedad democrática, justa y equitativa. El fortalecimiento de la democracia es imposible sin la participación de niños, niñas y Adolescentes, puesto que uno de los fundamentos pensados para fortalecer la democracia visto desde el proceso de cambio, es la equidad e inclusión social, no podemos concebir cambios en base a exclusiones. La sociedad en este proceso de transformación social tiene que ser capaz de re-organizar las viejas estructuras organizativas -basadas en la participación de unos cuantos- promoviendo la organización diferente y diversa en el que participen niñas, niños, adolescentes, jóvenes y adultos al mismo tiempo, teniendo en cuenta que la participación supone toma de decisiones para controlar, participar del proceso de planificación, ejecución y evaluación. Se deben construir espacios para que los NNA experimenten diferentes formas de organización donde se promueva la participación democrática a la que ellos, consideren que puede aportar a una construcción de una sociedad con justicia basada no solo en un enfoque de género y de interculturalidad sino también el enfoque generacional, entendiéndolo como el reconocimiento por parte del Estado y la sociedad de los niños, niñas y adolescentes como sujetos sociales que participan en la construcción de la sociedad y de la historia. Todos estos procesos, llevan explicito e implícitamente, aspectos en donde se deja claro que el rol del trabajador social, es el de mediador, orientador y cooperador en los procesos de desarrollo social y participación llevados a cabo por los miembros de una comunidad y que se manifiestan frente a las instancias gubernamentales encargadas, ONGs, organizaciones e instituciones, pero manejando relaciones solidarias y un equipo interdisciplinario. Lo más importante es que en todo proceso haya unión, cooperación, y mucha voluntad de superación.es
dc.language.isospaes
dc.subjectTrabajo social con niñoses
dc.titleFormación cívico ciudadana y en exigibilidad de derechos para niños, niñas y adolescentes del barrio ciudadela 2000 y sus alrededores, en el marco del proyecto centro social Juan Pablo II, Cartagena de indias. Año 2010-2011es
dc.typeThesises


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